historia

Cuevas de las Orcas

Cueva de las Orcas [Barbate]

La Cueva de las orcas, o cueva de Atlanterra, antiguamente era un santuario prehistórico con pinturas rupestres y símbolos únicos en esta zona de la península ibérica. Su finalidad era señalar el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera, épocas en las que se concentran en estas aguas del Estrecho el mayor número de orcas, que coincide con el paso de los atunes rojos, presas de las anteriores, para entrar y salir del Mediterráneo.

Nuestros antepasados tallaron una hendidura, en la boca de la cueva, para que en la época de los atunes el sol entrara por ella y los rayos de luz incidieran directamente en los dibujos de la pared.

Esta relación entre las orcas y la playa para la captura de atunes fue descubierta por los fenicios. Éstos se fueron asentando en puntos clave que en la actualidad siguen teniendo almadrabas, donde se capturan este tipo de pescados y donde existe presencia de orcas en la actualidad.

La entrada de la cueva se encuentra orientada a poniente, delante del lugar donde las orcas vienen a capturar los atunes desde hace cientos de años.

En el interior de la cueva podemos encontrar grabados rupestres como el de un caballo, perteneciente a la época del Magdaleniense. A uno de los lados aparece una amalgama de dibujos que podría representar un atún grande, reconocido por su tamaño y por la forma de horquilla de la cola.

Como dato curioso, uno de los símbolos más característicos es el zodiacal de Aries, una V abierta blanca que coincide con la V que tienen las orcas en su espalda, detrás de la aleta dorsal. El animal que representa a Aries es el carnero, nombre que se le daba a las orcas en el Mediterráneo y se inicia el 21 de marzo, donde da comienzo la primavera, coincidiendo con el paso de los atunes por el Estrecho.

 

La cueva, además de ser un observatorio de pesca, algunos historiadores la consideran como lugar de culto.

En cuanto a las orcas, éstas acechan a los atunes durante una media hora, a una distancia aproximada de ocho kilómetros. Cuando los atunes quedan cansados las orcas los devoran.

Este lugar, además de su enclave y su riqueza prehistórica y rupestre, destaca por sus vistas espectaculares. Es una zona perfecta para el retiro, descanso mental y la paz.

 

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